
Evolución y análisis
La abeja y los seres humanos llevan mucho tiempo de interacción, no ha sido una relación lineal. Tampoco la lenta evolución de las avispas hacia la abeja hace 100 millones de años o la misma del homo sapiens un poco más acá. La aparición de la abeja contribuyó a la rápida expansión de las plantas florales y viceversa, un proceso milenario que da pie a más de 20mil especies de abejas en el mundo. Ya en nuestros tiempos hay evidencia en las civilizaciones antiguas del uso de la miel y una relación compenetrada con la naturaleza, mientras el lugar común del capitaloceno expresa: ?a la naturaleza hay que dominarla?.
Sin los cambios geológicos no se da un clima hábil para la vida de la cual surgen los insectos. La génesis de las flores en el cretáceo estimuló la evolución de un insecto polinizador (abeja) y no carnívoro (avispa). Así que polinizar es cuando se facilita la reproducción floral con el transporte del polen. La evolución hasta la abeja que conocemos solo fue posible por las contradicciones propias de la naturaleza y "recientemente" del ser humano. E igualmente con los cruces genéticos se generan tensiones que dan y quitan vida, producen miel y colonizan diversidad.
A todo este largo proceso le llamamos dialéctica de la polinización, cualidades contrarias que se interpenetran, se equilibran y desequilibran en su devenir, contribuyen a la diversidad tanto en flores como en abejas, hoy amenazadas. Lo dialéctico es un todo en movimiento, no es un análisis fragmentario ni lineal, no es una fotografía del presente (positivismo). Tampoco hay cabida para la expresión: ?vive el aquí y ahora? del new age postmoderno.
Industria y consecuencias
No podemos hablar de la abeja en singular, existen miles de especies y subespecies. Así, distintas organizaciones de corte mundial han escogido a las abejas como la especie más invaluable del planeta, así mismo la ONU declaró el 20 de mayo como Día Mundial de las abejas dado que polinizan más del 70% de la agricultura. Más que una declaración, es resolver la pérdida de hábitat, la disminución de variedad de especies polinizadoras, la trágica muerte por el uso de pesticidas y un trato como piezas de repuestos en la industria de las abejas. Las causas principales son el monocultivo y la tala por el uso intensivo de la ganadería. No siempre fue así, ahora las abejas salen a buscar polen o néctar y nunca regresan. Sin flores locales no pueden nutrirse, solo encuentran grandes extensiones de tierra sin proveerse de energía o la variedad necesaria.
El ejemplo más palpable de intento de dominación a la naturaleza fue el traslado de 47 abejas reinas desde Tanzania para cruzarlas con otras especies en 1956 hasta Brasil, al escaparse nació la abeja africanizada, con un comportamiento hiperdefensivo que ha logrado colonizar desde Suramérica hasta buena parte de EEUU. De igual forma el traslado de colmenas por la industria de una región a otras facilitó el contagio del ácaro varroa, un parásito que mata a las abejas y debilita la polinización. En China hay regiones donde se poliniza manualmente porque se quedaron sin abejas; los costos de esta fertilización manual son considerables. Es característico que en muchos de estos procesos complejos que quitan vida a la naturaleza, incluyendo la vida humana, esté presente la industria acumulando tierras y capital, explotando seres humanos y expoliando a la naturaleza.
La abeja y su importancia
No está demás decir que las abejas contribuyen al equilibrio de los ecosistemas a partir del traslado de polen de una flor a otra, ahí se produce la fertilización de frutas, semillas y verduras de las cuales dependemos. También se da lo que se conoce como síndromes florales, que es la adaptación de la flora a ese tipo de abeja y viceversa. En la variedad está el gusto, estas pueden ser sociales o solitarias, melíferas o no, con aguijón o sin? diversos tamaños, colores y subespecies. Igualmente están las prácticas diferenciadas de apicultura y meliponicultura.
La danza de las abejas permite comunicar dentro de la colmena el sitio exacto donde hay polen o néctar por medio de un meneo particular. Transmiten la proyección de vuelo, distancia y posicionamiento de la comida respecto al sol, también utilizan la polarización de los rayos de luz y las ondas magnéticas de la tierra. Dependiendo de la evolución de cada subespecie, la abeja logra captar el polen en sus patas, alas o abdomen y regresar para alimentar a su colmena.
Más allá de los jardines polinizadores, la conciencia
A diferencia de los animales que tienen instinto, el ser humano logró desarrollar una compleja psique donde interactúa el conocimiento y el inconsciente, lo que hacemos y decimos, los deseos y las represiones. El modo de producción del cual consumimos nos nubla de tal manera que limita las reflexiones de nuestras propias capacidades.
En el documental de Youtube: Más que miel, un productor en una inmensa siembra de almendros explica la dificultad para la abeja de solo tener hectáreas y hectáreas de solo una flor. Además sabe que el fungicida debilita o mata a las crías, pero con la misma certeza dice: ?Las dos motivaciones en la vida son la codicia y el miedo. No sé cómo reducir un negocio o cambiar un estilo de vida. Eso no me haría feliz, no está en mi ADN. Somos capitalistas. Queremos crecer... Dominación global total?. Dominar la naturaleza para crear riqueza.
Necesitamos un modelo de vida ecológico que potencie la diversidad? Se trata de construir jardines polinizadores como algo fundamental, generadores de energía y descanso para los animales y conciencia en nosotros. Pero asumiéndolos como una pieza inicial de un sistema de relaciones que tiene que transformarse. Crear hoteles para abejas no es suficiente. Las pequeñas acciones van sumando cuando interactúan con un propósito más amplio, donde las unidades productivas no se basen en la explotación ambiental ni social, sino que contribuyan a disminuir las desigualdades sin dejar de ser productivas. Necesitamos contribuir a la dialéctica de la polinización y reorientar nuestra colmena, como planteamos desde Vida Libre.